¿Te imaginas que hoy te dijeran que correr una maratón podría hacer que se te saliera el útero? Parece un chiste de mal gusto o una superstición medieval, pero hasta bien entrados los años 60 y 70, esta era la doctrina médica y deportiva oficial.
Durante décadas, la medicina y los estamentos atléticos defendieron con supuesta convicción "científica" que el cuerpo femenino era demasiado frágil para las carreras de resistencia.
Hoy miramos atrás y nos preguntamos: ¿cómo llegó la ciencia a respaldar semejante disparate? Por sesgos ideológicos, sesgo de confirmación, falta de metodología científica y una profunda ignorancia sobre la anatomía femenina que en la actualidad persiste.
El origen del mito: Frágiles por naturaleza
A mediados del siglo XX, la medicina deportiva estaba dominada exclusivamente por hombres. La premisa de la que partían se disfrazaba de anatómica, pero era puramente patriarcal y cultural: la función biológica primordial de la mujer era la reproducción, y cualquier esfuerzo "excesivo" amenazaba la especie.
Bajo esta premisa se consolidaron mitos amparados por médicos de renombre:
El peligro del "útero caído": Se argumentaba que el impacto continuado de la zancada contra el asfalto aflojaba los ligamentos pélvicos, provocando un prolapso uterino (que el útero "se cayera" o se desprendiera).
El sesgo de los 800 metros de Ámsterdam (1928): En los Juegos Olímpicos de 1928 se permitió competir a las mujeres en los 800 metros. La prensa manipuló lo sucedido. El diario The New York Times llegó a publicar que las corredoras cayeron desplomadas y que la escena demostraba que la distancia era «demasiado para el sexo débil». Tras el revuelo mediático, el Comité Olímpico Internacional (COI) prohibió las carreras femeninas de más de 200 metros hasta 1960.
La "masculinización" y la infertilidad: Artículos médicos y de prensa advertían de que el atletismo de gran intensidad provocaría infertilidad, amenorrea irreversible o el desarrollo de rasgos físicos marcadamente masculinos.
Incluso en la década de 1960, la Amateur Athletic Union (AAU) de Estados Unidos mantenía en sus estatutos la prohibición explícita de que las mujeres compitieran en carreras de más de 2,5 kilómetros.
1967: La zancada que desmontó la hemeroteca
Mientras los despachos debatían, las atletas pasaron a la acción.
El hito histórico ocurrió en la Maratón de Boston de 1967. Kathrine Switzer se inscribió usando sus iniciales (K. V. Switzer) para esquivar el filtro de género. A mitad del recorrido, el codirector de la prueba, Jock Semple, saltó al asfalto para arrebatarle el dorsal a la fuerza al grito de: «¡Sal de mi carrera y devuélveme los números!».
Las imágenes de sus compañeros de entrenamiento defendiéndola dieron la vuelta al mundo. Switzer cruzó la meta en 4 horas y 20 minutos. Su útero, como era de esperar, permaneció exactamente en su sitio.
¿Qué dice la ciencia realmente? Anatomía vs. “Ciencia”
Tuvo que llegar el impulso del movimiento feminista y la incorporación de más mujeres a la investigación médica en los 70 para desmontar el mito con evidencia en mano:
Anatomía del útero: El útero no es un órgano "suelto" ni flotante. Está suspendido en la cavidad pélvica por una red de ligamentos extremadamente resistentes (como los ligamentos uterosacros y cardinales) y sostenido por la musculatura del suelo pélvico. El impacto de correr no desprende un útero sano.
Impacto y suelo pélvico: Estudios de biomecánica y medicina del deporte posteriores (publicados en revistas como el British Journal of Sports Medicine) demostraron que el ejercicio regular y controlado de impacto no degrada la pelvis, sino que estimula la densidad ósea y, combinado con una buena técnica, fortalece la musculatura abdominal y pélvica.
Capacidad cardiovascular: Investigaciones pioneras en fisiología del ejercicio (como las realizadas por el Dr. Kenneth Cooper) confirmaron que el corazón y el sistema vascular femenino se adaptan al entrenamiento de resistencia con las mismas respuestas adaptativas, hipertrofia cardíaca saludable, que el masculino.
En 1984, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, se incluyó por primera vez la maratón femenina. Joan Benoit ganó el oro en 2:24:52, corriendo más rápido que los ganadores masculinos de 13 ediciones olímpicas anteriores.
Conclusión: La ciencia tiene sesgos y grandes errores
La historia del "útero caído" nos deja una lección fundamental: la ciencia no es neutra si quien la formula está cegado por los prejuicios de su época.
Hoy en día, las mujeres no solo corren 42 kilómetros, sino que destacan en carreras de ultradistancia, donde la fisiología femenina demuestra una gestión del metabolismo energético y una resistencia al dolor extraordinarias.
La próxima vez que salgas a correr o veas una maratón, recuerda que cada zancada femenina es también una victoria frente al oscurantismo médico del pasado.
Fuentes y referencias para consulta
Hemeroteca / Historia:
The New York Times (1928) – Cobertura sobre la prueba de los 800 metros femeninos en Ámsterdam.
Switzer, Kathrine (2007). Marathon Woman (Memorias sobre la Maratón de Boston de 1967).
Medicina y Fisiología:
British Journal of Sports Medicine – Publicaciones sobre la salud del suelo pélvico y el impacto en atletas de alto rendimiento.
American College of Sports Medicine (ACSM) – Posicionamientos oficiales sobre el rendimiento y la salud de la mujer atleta.
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